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Mes de Artigas: algunas claves

  • 6 jun 2020
  • 3 min de lectura

En la UP definimos la Doctrina Artiguista como uno de los fundamentos de nuestro Programa. En este mes de junio, cuando volverán a llover discursos de todo tipo con motivo del natalicio de Artigas, es necesario proponer algunas claves para entender su significado histórico y su legado.

Contrariamente a lo que dice al discurso oficial, la Doctrina Artiguista no nace de la cabeza de un solo hombre. Acumula una experiencia mundial de la lucha de los pueblos y una experiencia continental previa, desde Los Andes hasta Haití. En su construcción aportaron (junto a los “eurocultos”), otros hombres y mujeres analfabetos y sabios, convocados en fogones, campamentos y asambleas. Esa voz que no consta en actas, es lo que hace de cada doctrina revolucionaria una fusión, una síntesis de las leyes generales de toda revolución popular con la realidad singular del momento y del lugar.

La universalidad de la Doctrina parte precisamente de su adecuación al momento revolucionario. En nuestro caso es la expresión de una alianza de los desposeídos y los hacendados “cimarrones” contra la oligarquía ganadera, contra los especuladores y acaparadores, contra los agentes de “la trata” y contra la burocracia colonial.

Esta confrontación social se da en un momento complejo de una época compleja. En Europa se desarrollaba el Capitalismo y ya existían máquinas textiles (a tracción humana todavía) que generaban una superproducción la cual debía obtener cada día nuevos mercados “libres”. Esta producción necesitaba además materias primas provenientes de países lejanos, donde era más conveniente “la trata de esclavos” que el trabajo asalariado, el cual sólo se universalizó en el siglo XX. En 1800 los capitalistas, propietarios de los modernos astilleros de Liverpool, construían barcos con grandes bodegas para trasladar como ganado a los pueblos esclavizados.

Con la guerra en Europa, con el Rey español prisionero de Napoleón, se refuerzan en las colonias españolas de América las tendencias independentistas. En ese marco de un proceso continental de Emancipación política aparecen en el seno de las fuerzas independentistas, los antagonismos de clase internos.

La Masonería, que agrupa a los independentistas más ricos, tiene dirigentes sólidamente formados en las universidades americanas de Charcas y Córdoba y aún en Europa. Su concepto de desarrollo implica libre mercado y mantenimiento de la esclavitud. Sus opciones político institucionales se vuelven vacilantes y contradictorias, pues los masones se ven entre dos fuegos: el poder colonial que contraataca y los pueblos que ellos mismos necesitaron convocar y que empiezan a exigir sus derechos.

La otra ala de la independencia la conforman los pueblos en armas, con diferentes niveles de conciencia, en camino a entenderse a sí mismos como “clase para sí”. En la Provincia Oriental y las del Gran Entre Ríos, el núcleo radical lo conforma la alianza de los desposeídos y de los hacendados medianos, que viven en sus campos y son hostigados por la oligarquía terrateniente. En la alianza interprovincial contra la oligarquía del puerto (alianza llamada Liga Federal de los Pueblos Libres) también se instalan, en su propio interior, las contradicciones con aliados ocasionales, compañeros de ruta en la Liga, que resisten a la oligarquía “porteña” pero les gustaría formar una propia. Se instala así en el seno de la Liga Federal una dualidad de poderes entre los campamentos del pueblo en armas y la mayoría de los Cabildos, que empiezan a sabotear el proceso en la medida que éste se radicaliza.

La excepción se da en la Provincia de Misiones, donde cabildo y gobernador son tan indios como su pueblo. Entender esta provincia es entender el legado jesuita, contradictorio pero que también aporta elementos claves a la Doctrina Artiguista.

En una doctrina revolucionaria está siempre el aporte de los intelectuales y los especialistas, incluso en temas militares, pero lo que la define como tal es la conducción, el protagonismo creciente del pueblo organizado. Ninguna doctrina revolucionaria surge pura, y podemos analizar después sus marchas y contramarchas, sus compromisos coyunturales, pero la tendencia general, sus señales audaces de futuro son lo que cuentan.

La Doctrina Artiguista fue una propuesta genial para una revolución que quedó inconclusa. Nuestro pueblo la hará realidad y para ello es necesario recuperar su verdadera memoria.


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