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Columna Cultivar Conciencia

  • 3 mar 2018
  • 2 min de lectura

Por maestro Rodrigo Núñez

A mi entender un gobierno democrático está dado por la voz representante de un pueblo activo que reflexiona y hace un análisis crítico de las situaciones reales. Pues, son hombres y mujeres situadas que saben hacer frente a las diversas situaciones que acontecen en la vida, a través de un permanente cuestionamiento y buen uso de la razón. Sin embargo, nuestra sociedad está sintiendo un gran costo en materia educativa, cuando son muchos los ciudadanos que no tienen en su afán ser educadores para educar a las próximas generaciones. De esta manera, la ignorancia va creciendo a pasos agigantados; donde el someterse, el no dudar o cuestionarse sea habitual; donde el miedo y el egoísmo me paralicen a lo que no es correcto dentro de un espacio y tiempo determinado. Veo frente a mis ojos un país rico y natural, pero a la vez arruinado sin aliento merecedor de prosperidad de los que hoy están y los que estarán. Miles de jóvenes sin proyectos de vida capaces de poder despertar en sus conciencias el talento de la creatividad, del pensamiento y la actitud reflexiva acerca del medio que lo rodea. ¡Cómo puedo pretender que la juventud tenga la virtud de amar lo que hace, cuando existen negociaciones o caminos erróneos hacia donde va la educación del pueblo! Pensemos en los jóvenes lo que realmente quieren; tengamos el compromiso de escucharlos para orientar su camino; y que sean capaces de actuar y reflexionar sobre sus problemas, para que un día puedan transformar esa realidad. Si no le damos esa posibilidad jamás entenderán qué valor tiene la vida para sí mismos y los otros. El desafío de todo hombre y mujer es comenzar a hacer una lectura distinta del mundo en que vivimos a partir del diálogo comunitario, llegando a cada lugar y persona desde el encuentro más natural y participativo. No obstante, tenemos un gran problema a resolver entre todos, ya sea, multinacionales o empresas extranjeras que tienen un poder de convencimiento en nuestra población al garantizarnos que las nuevas tecnologías son la innovación, y, por las cuales hay que aceptarlas, porque la globalización así lo exige y son parte de los procesos del cambio. Aunque, es un estilo de innovación que se instala para el dominio y no para el progreso de un país. Hasta qué punto el joven del interior que realiza un curso en tecnología o finaliza sus estudios en la UTEC podrá ingresar al mundo del trabajo y que el mismo sea dignificado en el ámbito profesional y personal; cuando el empresario solo tendrá como objetivo obtener resultados, a través del ajuste de reglas y normas fuertemente establecidas. Pues, el joven empleado no tendrá participación y será un pasivo receptor de órdenes; su capacidad creativa, crítica y reflexiva estarán negadas una vez que se enfrente a máquinas computarizadas, porque otros (los expertos) te dirán qué hacer y cómo hacerlo. Dicha consecuencia nos lleva a la ignorancia; y el individualismo los mantendrá solos frente a máquinas, sin necesidad de comunicarse. Por esta razón, un país productivo tiene que ir de la mano de un gran contenido intelectual como manual, ya que todo oficio o profesión que se lleve a cabo debo realizarlo bien por medio del ingenio y la creatividad.


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