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Contra la mercantilización de la educación

9 sept 2017
4 min de lectura

La última edición de la publicación insignia del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Desarrollo en las Américas, se titula APRENDER MEJOR: Políticas públicas para el desarrollo de habilidades 2017. Como indica su título, el informe del BID toma a la educación como elemento fundamental para sus recetas de políticas de desarrollo; a grandes rasgos podemos hablar de un manual de políticas públicas orientadas al fomento de la educación como motor del desarrollo económico de los países. Sabido es que la educación es el principal fundamento del desarrollo, aunque vale la pena analizar las propuestas del BID sobre educación, y el análisis que se hace sobre la situación de la educación en los países de Latinoamérica y el Caribe, particularmente sobre Uruguay.

Estamos frente a lo que algunos llaman la cuarta revolución industrial: el desarrollo del sistema económico capitalista conlleva la mecanización constante del proceso productivo, el desarrollo tecnológico necesita de una actualización continua de las habilidades de la mano de obra, todo esto a la par de un vertiginoso ritmo de cambio en los mercados. Los trabajadores necesitan poseer las capacidades necesarias para adaptarse a los cambios, quedando frente a una disyuntiva: o actualizan constantemente sus conocimientos y “habilidades” de manera de ser más productivos, y por ende más explotados, o quedan relegados a los peores salarios y puestos de trabajo. Nuestro país llega a la cuarta revolución industrial inmerso en una crisis educativa. El que en su momento fue el país de Latinoamérica que más se destacaba por la calidad de su educación, hoy presenta resultados alarmantes. Al mirar los resultados de las pruebas pisa, indicador más o menos fiel para reflejar los conocimientos de nuestros estudiantes y compararlos con los demás países, encontramos a Uruguay entre los países mejor posicionados de la región, pero si bien estamos entre los países latinoamericanos con mejores resultados en ciencias, lectura y matemática, tenemos un nivel de conocimientos muy por debajo de los países desarrollados. Puede incluso afirmarse que los estudiantes uruguayos de 15 años tienen 2 años de retraso en sus conocimientos respecto a sus pares europeos. Otro dato muy relevante y alarmante es la tasa de graduación a la edad adecuada, indicador que permite ver si los estudiantes terminan sus estudios en tiempo y forma; mientras en todos los países de la región este indicador mejora entre 1995 y 2014, Uruguay es el único país que retrocede, y peor aún, solo el 32,5% de nuestros estudiantes termina sus carreras en edad adecuada. Para tener una idea, en Venezuela este porcentaje es de 62,1%, en Argentina 57,7%, en Chile 81%. ¿Estos datos son casuales? No. Mientras los países desarrollados invierten en promedio el 5% de su PBI (que además es muy alto) en educación, Uruguay invierte solo el 4,5%. Comparando con la región, vemos que los países que más esfuerzo han hecho por mejorar sus condiciones de vida invierten bastante más; Venezuela invierte el 7,5%, Bolivia el 6,5% y Brasil el 6,1%. Ante la crisis educativa uruguaya, las medidas del gobierno del FA distan mucho de ser las recomendadas. No se sigue un plan de izquierda que fomente la educación de las personas para mejorar su inserción social y su calidad de vida, y tampoco se siguen las recomendaciones del BID de educar a los jóvenes para que sean mano de obra más productiva. El FA no sigue ningún plan orientado a mejorar la situación educativa. El gobierno condena a los uruguayos, principalmente a los más jóvenes, al acceso a una educación de baja calidad y en malas condiciones, y esto condiciona las posibilidades de inserción laboral digna que tenemos. Nos hace funcionales, como mano de obra poco y mal calificada, a un modelo de desarrollo de país orientado a la venta de servicios que requieren calificación media de la mano de obra y a la venta de commodities al resto del mundo. Ante esto los jóvenes del 26 de Marzo exigimos que se invierta de inmediato el 6% del PBI en educación como mínimo. Esto no es un capricho, ya que como hemos visto, el presupuesto que Uruguay destina a educación dista mucho de ser el necesario para lograr un buen rendimiento académico y posterior inserción laboral. Además, no solo exigimos que se invierta más, sino que se invierta mejor. Como bien plantea el BID, la calidad del gasto es tan importante como el monto; no queremos que nuestro presupuesto educativo se destine a fomentar la enseñanza militar, al pago de sueldos siderales a gerentes del plan Ceibal o a subsidiar la educación privada. No queremos que el Estado permita que financieras como Pronto se metan en la escuela pública adoctrinando a sus futuros clientes, ni tampoco que sea el Estado uruguayo el que adapte sus planes educativos a las necesidades de los grandes capitales. En esta crisis educativa Uruguay tiene que seguir un camino, y tampoco queremos que sea el propuesto por el BID. Nos negamos a que la educación sea considerada una mercancía, un activo más o menos rentable. Exigimos que la educación de los más jóvenes y de todos los uruguayos se fomente en pos de mejorar el acceso a la cultura, a la libertad de pensamiento y creatividad. A diferencia del FA y el BID no queremos que la educación sea una mercancía útil para que la mano de obra sea más y mejor explotada. Por el contrario, creemos que la educación debe ser una herramienta para la creación del hombre nuevo, el hombre socialista.


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