9 de septiembre Páginas de mi diario

Por Gonzalo Abella Integrante del Coordinador Nacional de la UP
En la Biblia se narra un episodio que tiene un profundo simbolismo. Los rabinos fariseos le dicen a Jesús que, para demostrar su respeto por las tradiciones, mate a golpes a una mujer adúltera. Jesús queda pensativo, y finalmente responde: “Bien, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”. Y entonces nadie puede tirar la primera piedra, porque sería pecado de soberbia. Las tradiciones, cuando nacen en una fase de expansión y conquista, no siempre son justas. La ética, en cambio, es universalmente necesaria, es el respeto a los demás y a sí mismo. En el Uruguay de hoy, la ética, no la tradición, exigiría que se separase al Vicepresidente de su cargo. Pero el Vicepresidente se defiende con uñas y dientes y… entre sus socios ¿quién puede tirar la primera piedra? Un paisano aconsejaría al club de amigos “no escupir para arriba”. Mientras tanto, alguna prensa “de izquierda” continental evita hablar sobre este hecho. Dado el apellido ilustre del principal implicado, nuestros amigos de la Patria Grande pensarán que no debe dársele “pasto a las fieras”, pero es al revés: sólo se puede honrar una memoria querida separándola radicalmente de quien la evoca y la usa, por razones familiares o de origen partidario, para desprestigiarla. Allá ellos. Lo peligroso en nuestro pueblo es el acostumbramiento a lo mal hecho, la pérdida de la capacidad de indignación. “Todos son iguales” es el comentario más común de la gente honesta que baja los brazos. Qué daño hacen los Lula y las Dilma a sus pueblos. Pero hay límites a lo tolerable. Este sábado la fuerza política de gobierno debe examinar cuidadosamente sus opciones. Como telón de fondo se yergue un juicio penal que sigue su curso. A veces, las contradicciones en el seno del neoliberalismo, por expectativas y ambiciones personales y sectoriales, desnudan lo que se trató de ocultar: su naturaleza de clase, inevitablemente unida a fenómenos de corrupción. Es así: para los neoliberales, las palabras y el honor pasan a ser también mercancía. Qué responsabilidad entonces, ser parte de los constructores de una alternativa diferente. No debemos bajar la guardia.











































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